Niñoooooo, no se te ocurra tragarte el chicleee!

Supongamos que eres un depredador nocturno, ojo avizor de una presa femenina en la jungla del pub de turno. No las tienes todas contigo, estás cansado, sediento, eres un tío introvertido y te mueres por conseguir un número de teléfono de alguien del sexo contrario (o del mismo, lo que se tercie). Tranquilo, todos sabemos lo difícil que es. Pero lo que posiblemente no sepas es que tienes la solución a todos tus males en tu bolsillo: un chicle (seguramente no era aquello en lo que habías pensado…).

R. Stephens y N. Edelstyn, dos chavalines británicos muy aficionados al chicle (y quién sabe si a algún psicotrópico más), han publicado recientemente un estudio atípico dónde los haya. Estos investigadores, pertenecientes al género “Rumiantis”, se morían por saber si ciertas características individuales de cada ser humano podían determinar que mascar chicle nos hiciese mejorar en ciertas tareas de memoria.

Para ello, pidieron a los participantes (¿voluntarios? quién sabe…) que realizasen algunas pruebas para medir su memoria de trabajo (aquella que utilizamos, por ejemplo, para recordar el número de teléfono de una chica mona hasta que encontramos una servilleta en la que apuntarlo). Lo hicieron teniendo en cuenta previamente algunas cosas como si dichos participantes rendían más por las mañanas que por las noches, si estaban cansados, si tenían sed o si eran extrovertidos.

Pero he aquí el intríngulis del experimento: algunos de ellos realizaron las pruebas de memoria mientras mascaban chicle. Lo que encontraron estos investigadores es que mascar chicle era beneficioso para llevar correctamente a cabo una tarea de memoria de dígitos mientras estás haciendo una tarea secundaria de contar. Traducido a lenguaje cristiano: si mascas chicle mientras buscas una servilleta para apuntar el dichoso teléfono y mientras, además, tratas de acordarte del número de cubatas que llevas encima, puede que tengas más oportunidades de acordarte de los nueve dígitos y quedar con esa chica un día que estés más sobrio.

Volvamos a nuestra, no tan hipotética, situación: estás ahí, en la barra, cansado después de trabajar todo el día, muerto de sed, pensando en qué pedir… ¿Para qué pedir un cubata? ¡Cómete un chicle! Mascar chicle disminuye la sensación de sed y esto mejora tu ejecución, de nuevo, en tareas de memoria (y si estás cansado, ¡incluso más!). Así que, ya sabes, como diría Stevie Wonder: Si bebes, no masques chicle!

Como hemos visto hasta ahora, el chicle es tu mejor aliado para ligar: te quita la sed, te permite contar lo que llevas bebido mientras tratas de recordar un teléfono…Ya sólo te haría falta ser un poquito extrovertido para poner algo de tu parte. Ah, ¿que no lo eres? ¡No pasa nada! Según este estudio, si no lo eres, mascar chicle te ayudará con tu memoria también (que raro…).

Visto lo visto, podemos sacar varias conclusiones de este estudio científico (si, científico, aunque parezca increíble):
– Si no ligas es porque no quieres
– Ya no hay excusas para hacer botellón, los chicles son baratos
– Si te comes un chicle para que no te huela la boca a alcohol recordarás mejor el número del portal en el que vives (además de tener a tu madre engañada)

En definitiva, no sé cómo hemos podido vivir sin esta información tan valiosa para nuestra supervivencia como especie. Y tampoco sé por qué las altas esferas científicas del globo terráqueo (que no de chicle…) no emplean su tiempo en estos menesteres chicliles en vez de buscar respuestas a cuestiones tan nimias como el origen del universo o la existencia del bolsón de higgs.

Fuente original: Stephens, R. &, Edelstyn, N. (2011). Do Individual Differences Moderate the Cognitive Benefits of Chewing Gum? Psychology, 2, 834-840.

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Camareroooooo, una de oxitocina!!!!

Puede que el ser humano sufra uno de los virus más devastadores  que existen: el antropocentrismo. El hecho de que seamos seres pensantes, aparentemente racionales (algunos más que otros), con un cortex frontal digno de ser ingerido por Hannibal Lecter, nos hace olvidar, la mayoría de las veces, que no controlamos prácticamente nada de lo que sentimos. Que no somos más que animales (de nuevo, algunos más que otros).

Valores y emociones como el altruismo, la generosidad, la empatía o el amor parecen muy humanas, pero no, amigos, nuestro cerebro nos engaña para que pensemos que somos así porque hemos decidido ser así. Más de uno se deprimiría si se diese cuenta de que no es más que un primate con trabajo e hipoteca.

Por eso, abrid bien los ojos, porque os voy a presentar a la responsable de lo bueno que hay en vosotros, la compañera de cama perfecta y la solución a todos vuestros males: la oxitocina, esa gran desconocida (mujer  tenía que ser…).

No voy a ponerme técnico, no os preocupéis. Sólo diré que es una hormona, generada en una pequeña región de nuestro cerebro, llamada hipotálamo. Su importancia en nuestras vidas es tal, que no he podido resistirme a hacerle un homenaje.

Vayamos por pasos:

 1. Ha sido niña, la llamaremos oxitocina!

Ya cuando nacemos, esta pequeñaja está presente mucho antes de que el doctor nos suelte el consabido cachete cular. Nuestras madres la segregan (y si no se la meten por vena en el mismísimo paritorio) para facilitar el parto favoreciendo la dilatación y reduciendo los dolores que tamaña hazaña les produce (un hurra por las madres que han parido alguna vez).

Minutos después, también será la responsable de que podamos mamar por primera vez (aunque no por última). Y por último, pero no por ello menos importante, es la causante de que tu madre no te tire a la basura por feo, esto es, es la Juana de Arco del instinto maternal.

2. Ama a la oxitocina del prójimo como a la tuya misma

Durante nuestra niñez, ella (además de nuestros padres, algún que otro profe y, por supuesto, más de una religión coercitiva) nos ayuda con esos valores y virtudes que debemos desarrollar si queremos tener una plácida y sencilla existencia (y no ser enviados al infierno). Nos ayuda a ser confiados, generosos, empáticos, en definitiva, correctos moralmente hablando.

Un equipo de investigación de la Universidad de Claremont, llevó a cabo un experimento en el que se mostraba a una serie de personas un vídeo de un padre con un hijo enfermo de cáncer terminal. Los niveles de oxitocina de dichas personas se midieron antes y después de ver el video. Aquellos que afirmaron haber sentido una gran empatía hacia el padre durante el video mostraron mayores niveles de esta hormona.  Investigaciones similares llevada a cabo por el mismo equipo demostraron que tanto la generosidad como la confianza también correlacionan con mayores niveles de oxitocina.

Como se puede ver, con demostración científica incluida, la oxitocina llevará las riendas de nuestro comportamiento con respecto a los demás durante toda nuestra vida. Sé lo que vais a preguntarme… :¿qué pasa con el capullo de mi vecino qué pone la música a tope? ¿y con la vieja que se me cuela siempre en la cola del super?. Pues sí, exactamente lo que estáis pensando: tienen menos oxitocina que Darth Vader (que por lo menos tenía algo de instinto paternal). No se puede simplificar tanto, pero lo que sí es verdad es que el 5% de la población no genera oxitocina en aquellas situaciones en las que los demás si la generamos. Es decir, en ciertas circunstancias, el mal ajeno se la suda.

3. Hola chata, ¿estudias u oxitocinas?

También es sabido que esta hormona juega un importante papel en el enamoramiento y el sexo (no necesariamente en ese orden).  Todos hemos sufrido, si, sufrido, ese primer y absurdo enamoramiento adolescente. Ahora ya podéis culpar a alguien de esas primeras experiencias semi patéticas. La oxitocina nos induce a crear lazos amorosos, que más que lazos parecen nudos…  E incluso, nos “ayuda” a ser más permisivos con la infidelidad. Para premiarnos por ésta venganza tiene la deferencia de regalarnos encuentros sexuales más intensos, estimulando la producción de esperma en el caso de los hombres y la contracción de la pelvis en el caso de las mujeres.

Y si la dichosa hormona hace bien su trabajo, quizá llegue el día del ahorcamiento nupcial…, o quizá debiera decir, el día de la orgía oxitocínica. Paul Zak, Doctor en Economía y posiblemente un hombre no casado, llevó a cabo un experimento curioso en el que midió los niveles de oxitocina a todos los invitados a una boda al sur de Inglaterra. Como si de un concurso de salto al vacío se tratara, los análisis de sangre le dieron la medalla de oro a la pletórica novia, seguida de cerca por su madre. El meritorio tercer puesto se lo llevó el padre del novio, por eso de “Luke, yo soy tu padre”.

Y el novio…,no estaba contento de casarse? (evidentemente es una pregunta retórica).  Pues depende de lo macho que sea. Me explicaré: la testosterona inhibe la acción de la oxitocina. Por esa regla de tres, un tío con mucha testosterona, será menos empático, generoso, y, visto lo visto, será menos feliz el día su boda. Al contrario, la novia genera 10 veces menos testosterona que su futuro marido, por lo que esto claramente le ayudará a creer que las pelis de Disney pueden hacerse realidad.

4. Me gusta!

La oxitocina ha llegado a las redes sociales. Chats diversos, Facebook, Twitter, u otras formas de contacto virtual no pueden escapar a este ojo de Sauron que es esta pequeña hormona. ¿Chateas con una chica en horas de trabajo? Pues debo decirte que tu oxitocina posiblemente triplique a la de tu compañero de al lado, ese tan soso, que se dedica solamente a trabajar durante su jornada laboral. O al menos así ocurrió durante un estudio realizado con coreanos en su empresa, y la oxitocina no distingue entre nacionalidades, creo. En un futuro no lejano los jefes nos harán análisis de sangre para ver cuánto tiempo perdemos durante el curro. Gritad conmigo: Nos medirán la oxitocina pero no nos quitarán el Faceboooooookkkkk!!!!

5. Doctor, Doctor, estoy desoxitocinado…

¿Estás desoxitocinado?  Elige la opción que más te apetezca:

–          8 abrazos diarios producen la cantidad suficiente de oxitocina para ser feliz (si no eres un tío lleno de testosterona o que le parece una ñoñada darse abracitos)

–          Buen sexo, o algo parecido. Porque ya sabes, el oxitocinador que te oxitocine buen oxitocinador será

–          ¡Cómprala!: http://www.compraroxitocina.com/

Pero no lo olvide, ante cualquier duda, lea las instrucciones de este medicamento y consulte a su farmacéutico.

Piedras sobre mi tejado

Ayer fui al cine con varios estupendos psicólogos defensores del psicoanálisis (quizá “estupendos” y “psicólogos” no debieran formar parte de la misma frase…). Evidentemente, la película escogida para esta singular ocasión fue “A dangerous method”, de D. Cronenberg. Nada extraño en esta elección, diréis, salvo que quien suscribe es un defensor acérrimo del método científico, los datos empíricos y las variables medibles. Por un momento me vi en la entrada del cine esperando que saliese un tío con barba blanca y les gritase:¡¡¡Corred, insensatos!!!

Después de tamaña experiencia tenía claro que ésta, mi primera entrada, debía ser un discurso cuasi político dirigido a la humanidad con la intención de provocar el levantamiento de las masas en contra del Psicoanálisis. Las espadas argumentales a esgrimir parecían claras, centradas principalmente en su falta de rigor científico y en su fiabilidad como terapia similar a la del efecto placebo.

Pero sucedió algo…Y me encontré con esto:

http://dmentia.wordpress.com/2011/12/04/el-extrano-caso-del-dr-freud-y-miss-eckstein/

Un blog incipiente, como éste, pero evidentemente con más aspiraciones y un mayor interés. Un artículo realmente atrayente, a la altura de mi sed de justiciero de la ciencia basada en hechos y no en suposiciones.

Un interesante debate se había producido tras dicho artículo, una sucesión de argumentaciones impecables que podemos resumir en una frase sencilla a la par que vulgar: “Una pelea por ver quién tiene el rabo más largo” (C. G. dixit)

No trato de ofender a nadie, trato de hacer ver que quizá nos estemos excediendo en nuestros comportamientos, aunque no en nuestras creencias. Es indudable que el método científico no es la piedra angular del Psicoanálisis, pero creo que la psicología no sería lo mismo si Freud no hubiese nacido, crecido y destrozado algunas vidas (nótese el sarcasmo). Freud, Jung e incluso Sabina S. aportan romanticismo, no sólo a la peli de Cronenberg, sino también, a la figura del psicólogo. Gran parte de los estudiantes de psicología que comienzan la carrera lo hacen con la imagen de un diván en sus mentes, al igual que la mayoría de la sociedad se imagina tumbado en uno de ellos. La figura del psicólogo que a todos nos viene a la cabeza es la de un señor mayor con barba blanca (y no, señores, esta vez no me refiero a Gandalf…), y aunque sólo sea por asociación freudiana o por condicionamiento clásico, por algo será. Reconozcámoslo, Freud es historia, en todos los sentidos.

Por todo ello pido, dejemos este ju-ego para los niños y disfrutemos cada uno de lo que le salga del subconsciente. Cada uno en su casa y Freud en la de todos.

P.D. Esta entrada va dedicada a todos mis amigos, psicólogos o no, psicoanalistas o no, que son capaces de apartar sus diferencias teóricas e ir a ver una buena peli juntos.

Bienvenidos futuros brainconscientes!

Cualquiera puede tener un blog… Pues yo también soy cualquiera. Una persona cualquiera con intereses, inquietudes, gustos y freak-heces varias. Como tú, o contrarios a ti. Por eso no he encontrado categoría para este blog, ya que no existe una llamada “cualquier cosa que me resulte interesante y me arranque momentáneamente de las fauces de la maldita rutina”. Así que no será un blog con categoría, lo lamento…

Prometo dar mi modesta opinión, toda mi modesta opinión y nada más que mi modesta opinión. Y prometo escuchar y aprender de vuestras, no tan modestas, opiniones, si os dignáis a honrarme con ellas. Sabed que me alimento de carne fresca.

Tened paciencia conmigo, todavía soy un inconsciente en pañales.

Saludos, nueva carne.