Siento, luego existo

“Me está llegando un suave aroma de agua y jabón” le dice Al Pacino a Chris O´Donnell antes de que mi escena favorita de “Esencia de Mujer” comience.

El restaurante está lleno de gente y rebosante de flores de colores y, bajo esa luz tenue, está ella, preciosa, con el pelo recogido y su vestido negro, dejando la espalda al aire para el deleite del espectador.

Y entonces comienza ese tango, ese precioso tango de Gardel, intemporal como el amor mismo… “En el tango no hay errores, Donna, no es como la vida…”

Ésta es la forma en la que el 98 % de la población mundial y yo percibimos y sentimos (a través de los sentidos) esta escena. Pero me gustaría mostraros cómo la ve el otro 2%…

Vayamos por partes, mejor dicho, vayamos por agnosias… (Agnosia: del griego “agnos”, desconocimiento: incapacidad para reconocer estímulos)

1. ¿A qué huelen las nubes?

“Cariño, ¿has comprado Cheetos? Ups, no, sólo te has quitado los zapatos…”. En ciertas situaciones nos encantaría arrancarnos las narices de cuajo para no oler algunos engendros de la naturaleza.

Pero peor sería seguir oliendo y no identificar lo que estamos oliendo. Esto es lo que le pasa a una persona con Agnosia Olfativa.

Puede que una mujer huela a agua y jabón, pero él nunca lo sabrá…

 2. De coloresss, de colores se visten los campos en la primaveraaaa

Todos conocemos a Dalton, un hombrecillo con muy mal gusto vistiendo hasta que alguien le dijo que tenía daltonismo.

Pero no todos conocemos la incapacidad para reconocer colores, también llamada agnosia a los colores (poca imaginación al ponerle nombre a la patología, lo sé…).

Un agnósico visual nunca verá la vida de color de rosa…

3. Espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino?

“El todo es más que la suma de sus partes” es una premisa que los psicólogos conocemos mejor que nadie. Y la vida nos lo muestra a diario. La cara de una mujer bella es mucho más que la suma de una nariz, unos ojos, una boca…

Pero no para alguien que sufre de Prosopagnosia. “Soy muy malo recordando caras” se convierte en un eufemismo cuando hablamos de esta enfermedad fruto de un daño cerebral en nuestro lóbulo temporal.

Una persona que padece este tipo de agnosia no es capaz de reconocer caras familiares, hasta el extremo de no llegar a reconocer la suya propia.

Puede que la expresión “Mujer florero” la inventase un prosopagnósico que confundió a su mujer con uno de ellos…

4. Señorita, ¿me concede este baile?

Lo sé, a estas alturas esperáis otra agnosia rara… ¿La incapacidad para sincronizar pies y brazos mientras bailas la Macarena?. No, pero casi….

La Akinetopsia, a pesar de sonar como el nombre de alguna dinastía de faraones egipcios, es la incapacidad de percibir los objetos en movimiento.

Las personas que la padecen perciben el movimiento como una película antigua de Mickey Mouse, a saltitos en vez de como un movimiento continuo.

5. ¿Si no me gusta Muse tengo Amusia?

Si adoro esta escena de “Esencia de Mujer” es por ese dichoso tango. ¿Qué pasaría si no lo reconociese? Posiblemente no se me pondrían los pelos de punta y me sonaría igual que Paquito el Chocolatero, carente de pasión, aunque no de ritmillo contagioso…

Amusia es, evidentemente, la incapacidad de reconocer las características estructurales de una pieza musical y por lo tanto de identificar y diferenciar una pieza musical de cualquier otro sonido.

Casi tan trágico como pensar que el reggaetón se puede considerar música…

En fin, así ve la vida un agnósico. Así la ve, la huele, la siente y la escucha.

Pero si hay algo más trágico que no percibir la vida es haber dejado de sentirla. Y eso lo hacemos muchos no agnósicos…

P.D. Para cinéfilos sin curiosidad:  Escena “Esencia de mujer” (Martin Brest, 1992)

P.D.2. Para curiosos sin cinefilia:

             Sacks, O. (2004). El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Ed. Anagrama.

             Sacks, O. (2009). Musicofilia. Ed. Anagrama.

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