Eufemismos y paroxismos

No ocultaré que esta entrada está inspirada por una de esas tardes cinéfilas frente a una buena película con tintes históricos e histéricos.

En este caso, “Hysteria” relata, con bastante acierto, la invención de cierto aparato eléctrico creado con el fin de curar la insatisfacción, mal llamada histeria, mostrada por las mujeres de la época, a través de la provocación de repetidos paroxismos que aliviaran el furor uterino. Actualmente se vende en los mejores sex-shops, pilas incluídas.

Pero no sólo Joseph Mortimer Granville, inventor del actualmente llamado vibrador, se sumergió en lo más profundo de la sexualidad y sus paroxismos varios.

En la actualidad, y para alegría de mi curiosidad y la de otros de mi misma especie (y de otras, como veréis),  Mary Roach, psicóloga y divulgadora científica estadounidense, ha dedicado parte de su tiempo al noble y satisfactorio arte del estudio de la sexualidad humana.

He aquí varias cosas que Mary me ha enseñado sobre los paroxismos que posiblemente ninguno de vosotros sepa (a no ser que estéis muertos, tengáis hipo o conviváis con “Babe, el cerdito valiente” en vuestras casas…):

1. ¿Qué los ángeles no tienen sexo? Qué más da, no lo necesitan!

El encargado de que el orgasmo tenga lugar es nuestro muy sabio Sistema Nervioso Autónomo, aquél que funciona sin control consciente. Gracias a esta sabiduría corporal, el rango de estímulos que puede dar lugar a esta culminación puede ser amplio e insospechado, pudiendo prescindir completamente del uso de los genitales para alcanzar dicho clímax.

Mary Roach relata con desparpajo el caso de una mujer que “sufría” de paroxismos múltiples mientras se lavaba los dientes. Quiero pensar que tenía un cepillo eléctrico, recomendado por 9 de cada 10 dentistas…

2. Y un zombie le dijo a otro: en tu tumba o en la mía?

Atila, el Papa León VII y Rockefeller murieron mientras alcanzaban la metafórica cima (si, si, el Papa León VII, has leído bien…). Pero nadie pensaría que se puede alcanzar la cima una vez muerto…

Gracias al dichoso Sistema Nervioso Autónomo, esto es cierto: oxigenar los nervios sacros situados en la base de la espalda puede provocar una convulsión similar a la generada durante el acto sexual. Incluso si estás muerto.

Esto debe ser lo que denominan coloquialmente “estar en el cielo”. O sacrilegio.

3. Babe, I´m here again…

Hace un siglo los ginecólogos mantenían que la concepción se veía favorecida por las contracciones uterinas provocadas por el orgasmo. Hasta aquí, nada raro, ¿no?. Pues nada, probémoslo con las cerdas, que no van a quejarse…

El Comité Nacional Danés de Producción porcina encontró un incremento del 6% en las camadas de aquellas cerdas, perdón, lechonas, que habían sido estímuladas previamente con un exhaustivo plan de cinco puntos, detallado en un bonito póster que se pegaba en las paredes de la granja.

Vamos, como los desplegables de las cabinas de los camioneros…

4. Hipohuracanado gritooooooo:

Un artículo científico titulado “Las relaciones sexuales como un tratamiento potencial para el hipo intratable” describe, como se deduce, el caso de un paciente cuyo hipo no desapareció hasta que alcanzó el consabido culmen.

La terapia que sugieren los autores: para los casados, su pareja; para los solteros… esa cosita que inventó el señor Granville.

Y hasta aquí la lección de hoy. Espero que os haya resultado satisfactoria.

Para el que sea multi, vamos, para el que quiera más, recomiendo ardorosamente que visione la siguiente exposición de Mary Roach, que no tiene desperdicio.

Porque en el fondo todos somos un poco voyeurs…