Con cara de pocos amigos

En el último año os he mostrado que el miedo está en la amígdala, la moral en el sistema límbico, la memoria en el hipocampo y el amor está en el aire…

facebook_brain_190903267688_640x360Pero, ¿el Facebook? ¿Dónde está el Facebook? (Hijo, pregúntale a tu madre que es la que lo guarda todo!). Si yo tuviese que lanzar una hipótesis diría que posiblemente se encuentre en el mismo universo paralelo al que van esos calcetines que no te devuelve la lavadora…

Menos mal que, mientras yo divago, en el mundo hay personas de una calidad humana indescriptible, científicos que sacrifican su vida por el bien común y el avance del conocimiento por y para la supervivencia del hombre.

Ah, bueno, y luego está el Dr. Ryota Kanai y sus amigos del University College of London, que prefieren adivinar cuantos amiguitos tienes en el Facebook haciéndote unas fotillos del cerebro.

Si, señores, cuando creía no poder encontrar nada más raro que un estudio sobre pechos, me encontré con esto: el volumen de materia gris en tu cerebro varía con la cantidad de amigos que tienes en tu red social FBorita.

Concretamente, el hiperdesarrollo cerebral del que algunos de vosotros disfrutais, y que correlaciona con lo planos que teneis los pulgares de tanto facebukear, se centra en 3 zonas concretas de vuestra testa:surco tempporal superior

  • En el surco temporal superior, que es la zona del cerebro encargada de percibir el movimiento en los demás, especialmente de la boca y las manos, y de apreciar la dirección de la mirada.
  • Un poquito más abajo, en el giro temporal medio, enjendro del demonio que hace que siempre confunda a Rober De Niro con Al Pacino…girostemporal
  • Y, por último, en el cortex entorrinal derecho, zona que tenemos infrautilizada aquellos que saludamos a quién nos saluda por la calle y luego preguntamos “Y ese, ¿cómo se llamaba?”

entorrinalEn resumen, tus relaciones del Facebook no podían reflejarse en otro sitio que en el Cortex Temporal. Por algo se llama temporal…

Por el contrario, para mi sorpresa y la de los simios sin perfil en FB, la relaciones amistosas no virtuales conllevan un aumento de la densidad de la materia gris en un lugar distinto del cerebro: la amigdala, ese pequeño corpúsculo irracional y déspota controlador de emociones.

amigdalaPara terminar puedo concluir dos cosas: que ya no os acordais de las partes del cerebro que os he nombrado y que lo que importa en la vida es tener buenos amigos, ya sea temporales o amigdalíticos.

Fuente:  Kanai, R., Bahrami, B., Roylance, R., & Rees, G. (2012). Online social network size is reflectd in human brain structure. Proceedings of the Roya Society B., 279, 1327-1334.

P.D. Como siempre dedico mi entrada: A mis amigos del Facebook, por ese aporte de materia gris que me dan. A mis followers del Twitter: a ver si os poneis las pilas…

´Cause this is thriller, thriller night…

El 31 de Diciembre de 1983, a una hora incierta, la pequeña Sonia (nombre ficticio para mantener su anonimato) de 6 añitos de edad, pasó por delante de la puerta del salón de la casa familiar. Una imagen en la televisión paralizó entonces algo más que su retina.

El miedo la dejó inmóvil durante unos interminables segundos,  pero no podía dejar de mirar aquella maldita pantalla. ¿Qué demonios era ese monstruo?  Sonia no lo sabía aún, pero durante meses vería a ese dichoso bicho bajo su cama.

Pues sí, lo confieso, ver accidentalmente el estreno de “Thriller” me marcó para siempre…

Esto es lo que pasa cuando ves a Michael Jackson vestido de muerto viviente por primera vez:

Tu amígdala, esa parte del cerebro que reina sobre las emociones, se enciende cual anuncio luminoso de Times Square. Ella, lo mismo que tú, está horrorizada con esa visión dantesca de ropa ochentera y enormes hombreras, y sabe que debe hacer algo para que salgas corriendo hasta el infinito y más allá.

Por eso, se pone en contacto con el hipotálamo, que, a pesar de significar “bajo el dormitorio” en griego, es el portero de tu sistema nervioso autónomo y de su puerta giratoria, el tronco encefálico. Son la pareja perfecta, como Forest y Jenny, pero sin una caja de bombones.

Hipo se encarga de las hormonas y su tronco de mantener nuestras constantes vitales.

Y ahí estás, escuchado la carcajada terrorífica de Vincent Price al final de la canción: Tu ritmo cardiaco, tu presión arterial y tu respiración se alteran (agradéceselo a tu “tronco”…), e incluso tu intestino se contrae. Los vasos sanguíneos de tu mayor órgano (ese que estás pensando no…), la piel, se estrechan.

El cortisol, hormona que se reparte con las palomitas en la puerta del cine cuando vas a ver “Saw IV”, inunda tu cuerpo preparándote para un gasto extra de energía (“Cortisol, el desayuno de los campeones y del Correcaminos”).

Incluso los músculos de tu cara se comportan como los de Macaulay Culkin en “Solo en casa” para mostrar la emoción que sientes en ese momento.

Pero tienes que decidir entre dos opciones: Quedarte quieto, aparentando que reaccionas igual que viendo Dora la Exploradora, o salir corriendo cual alma que lleva el muerto viviente.

“Me quedaré petrificada, cual Han Solo en carbonita”. Y entonces lo notas, tu respiración y tu ritmo cardiaco se enlentecen, para no llamar la atención de tu depredador (o impedir que tus hermanos se rían de ti por cagueta).

¿Y si salgo huyendo del apocalipsis zombi? El corazón me latirá como recién salido de una Mascletá y mi sangre correrá tan rápido hacia mis músculos como una manada de Búfalos huyendo de Kevin Costner.

Y lo que es mejor, mi  “tronco” bloqueará la llegada de señales del dolor a mi cerebro para que ninguna herida me impida llegar hasta donde está mi mamá  y arrojarme en sus brazos muerta de miedito.

Mientras todo esto sucede, mientras mi cuerpo decide quedarse congelado o salir pitando, mi corteza cerebral controla mis pensamientos y sensaciones, derivadas de mi estado corporal.

¿Acaso DiCaprio pensaba en comida, sexo o una cama blandita mientras se congelaba en aguas nórdicas tras el hundimiento del Titanic? Yo creo que pensaba: “Kate, para mí que cabemos dos en esa tabla…”. Nuestro cerebro ahorra recursos atencionales y de memoria necesarios para mantener nuestra supervivencia, sobre todo si necesitas energía para tirar a Kate de la tabla…

Y todo esto que a mí me ha llevado cientos de palabras describir, ocurre en décimas de segundo.

Esta cascada de cambios corporales ocurre también en momentos de gran estrés. De ahí que un estrés continuado provoque en nosotros patologías diversas.

Como muestra, un botón, perdón, un fallo orgánico: redireccionar continuamente el flujo sanguíneo hacia nuestros músculos para facilitar la huída hace que nuestros órganos no reciban el suficiente riego y se vean dañados.

Así que, amantes de la adrenalina, el puenting, rafting, ver pelis de mied-ing o de los parques de atraccionings… tomaos la vida con más tranquilidad.

Bastante tenemos con tratar de no alterarnos cuando el gobierno anuncia un nuevo recorte…